Con este trabajo se fundó la compañía “Gran Circo Teatro”, que ha conformado una gran carrera marcando desde sus inicios una nueva trayectoria para el teatro popular. Años antes, Andrés Pérez, su creador sería invitado por una agregada cultural francesa a viajar como espectador al prestigioso Théatre du Soleil, dirigido por Arianne Mnouchkine. A su llegada a Francia, Andrés, aburrido de observar quiso participar de los ensayos. La directora aceptó, pero sus primeras tareas eran barrer y limpiar baños, para luego llegar a ser uno de los protagonistas del Teatro del Sol. Luego de seis años y en una de sus vacaciones a Chile, Andrés Pérez se topa con “La Negra Ester” y en muy poco tiempo, aprovechando los conocimientos que había adquirido en Francia, monta la obra que cautivó a miles de personas.
La historia, efervescente por las características populares de una chilenidad olvidada, que transcurre en un mundo de fiestas, amor y puerto, universalizó el amor de la agraciada y morena prostituta con el cantor popular. Pero “La Negra Ester” no sólo ha cautivado por su temática. Además ha planteado métodos como la democratización, opuesto a la primera figura, en la que todos los actores de la compañía ensayaban los personajes, así sólo cuando el personaje se enamoraba del actor, y viceversa, se quedaban juntos.
El teatro tenía que ser una verdadera fiesta, por esto la obra se divide en dos actos, con un intermedio donde los actores reparten vino y alimentos al público, además los espectadores pueden en el intermedio visitar a los actores detrás del escenario y ver cómo se maquillan.
Espacios amplios, el teatro tenía que ir a la gente, no la gente al teatro. Maquillaje colorido, máscaras, música en vivo, canciones.Este trabajo ha recorrido las salas más importantes de Chile, América Latina y Europa. También se ha presentado donde transcurrió la historia, el mítico Puerto de San Antonio, donde mucha gente conocía a la Negra Ester y fue a verla inmortalizada en las tablas. Hasta el último dueño del cabaret “Luces del Puerto” le regaló la puerta del afamado burdel, reliquia que todos vemos en la escenografía de la obra.
Todo esto es el legado del fallecido director Andrés Pérez, un misticismo clave que el espectador agradece, 15 años de historia y tradición, una trama que se empapa de su verosimilitud, colorido y teatralidad.

