En el 2004 el Centro Cultural Recoleta, uno de los espacios destinados al arte más oficial de Buenos Aires, que depende del Gobierno de la Ciudad, abrió una de sus salas para exponer en una pared montada para la ocasión, un collage con algunos de los miles de stencils que adornan las calles porteñas.
Todo muy limpio y ordenado; como para que se entienda y que no vaya a pasar lo que ocurrió a principios de este año, cuando los medios televisivos nacionales descubrieron atónitos, que algunos semáforos daban luz verde a la clásica hoja de la planta de marihuana cuando el tránsito arrancaba, producto de un llanero solitario que por la noche diseminó la consigna fumeta aerosol en mano.
En Buenos Aires la explosión del Stencil Art sucedió en el 2000 y fue sumando adeptos año a año. Esta técnica ocupó el protagonismo que el graffiti nunca llegó a alcanzar en términos artÃstico-polÃticos. La cultura hip hop en BA es pequeña por lo que uno de sus pilares no está tan presente en el paisaje urbano.
El crecimiento del Stencil Art fue tan vertiginoso que al cabo de cuatro años ya se han editado algunos libros que registran y compilan los cientos de pintadas y dibujos que reproducen las calles todos los dÃas. "Hasta la victoria, stencil!" es la publicación más completa, con páginas repletas de stencils ubicados por temáticas. Si bien las piezas no suelen llevar firma ya existen en el paÃs unos cuantos grupos o colectivos de stencileros: Buenos Aires Stencil, Burzaco Stencil, Doma, 2.20, Fase, Ralveroni, Run Don´t Walk, SMNR, Vomito Attackk, entre otros.
El Stencil Art retoma Ãconos de la industria cultural, consignas polÃticas, ideas existencialistas y técnicas publicitarias, para subvertir y resignificar contenidos. Cada mañana aparecen estos honguitos urbanos, donde personajes de la TV y el cine, rockers, polÃticos y dibujos animados, slogans y panfletos; cruzados, modificados, homenajeados, violados por un aerosol y una plancha de radiografÃa, conviven ante el transcurrir somnoliento de miles de televisores con patas que deambulan del trabajo al hogar sin escalas.El stencil como necesidad de irrumpir y generar interferencias en la mirada cotidiana, con ironÃa dadaÃsta y contenido subversivo, como técnica clandestina para decir el sentimiento popular o para instaurar rompecabezas que despabilen sin la necesidad de entender. El stencil como nueva herramienta de terrorismo poético, y la calle como escenario ideal para contribuir a la confusión general.

