“La gente dice que el graffiti es feo, irresponsable e infantil… pero eso es sólo si está mal hecho”
¿Un artista? ¿Un vándalo? Un crítico feroz de la sociedad de consumo que, sin embargo, vende sus obras a empresas multinacionales, a muy buen precio. Alguien que ha trascendido las fronteras de su Inglaterra natal con un arte poco convencional.
Graffitero por convicción, trasgresor por naturaleza, Banksy ha llevado sus obras a lugares tan distantes como U.S.A., Australia o la más remota culturalmente Cisjordania.
A pesar de ser un artista reconocido y tener varios libros publicados, poco se sabe acerca de quién se esconde tras el seudónimo. Un hombre blanco, joven, según se lo pudo adivinar -más que ver- cuando colgó una de sus obras clandestinamente en el M.O.M.A. y fue captado por las cámaras de seguridad, oculto bajo un piloto y el sombrero.
Se dice que nació en 1974 y que comenzó a pintar siendo adolescente. Como era demasiado lento con los aerosoles perfeccionó la técnica del esténcil (dibujos realizados con moldes sobre los que se rocía la pintura). Con él las pintadas en los muros, hasta ese momento en su mayoría graffitis, adquirieron otro status.
Pintor callejero y audaz intervencionista, sus obras registran las miserias de la época: la niñez y el abandono; la guerra; el salvajismo de la sociedad de consumo y el culto a la banalidad; en fin, el sin sentido y la mezcolanza propios de los tiempos del postmodernismo.
Mordaz e irónico, sus pintadas e intervenciones tienen esa cuota de burla a la autoridad propia de cualquier arte crítico y popular, en el verdadero sentido de la palabra. Un arte que hace suyo el espacio público, que elige la ilegalidad para dar su testimonio, que pretende perturbar.
Banksy ha colocado obras suyas sin permiso en distintos museos de Londres y Nueva York. (1) Entre sus múltiples intervenciones se cuentan el sabotaje a un disco de Paris Hilton (2) y el emplazamiento de la “escultura” de un prisionero de Guatánamo en Disneylandia. Entre sus graffitis hay dos realizados en el zoológico de Londres: uno en la jaula del elefante "Quiero salir. Este lugar es muy frío. El cuidador huele feo. Aburrido, aburrido, aburrido", otro en la de los pingüinos: "Estamos hartos del pescado”.
Personalmente me he preguntado por qué me conmueven tanto sus trabajos, cuando otros técnicamente parecidos me son indiferentes. He creído encontrar en mi formación la respuesta: la obra de Banksy tiene una importante carga filosófica (y no meramente “ideológica”), hay mucha reflexión en la síntesis aparentemente casual.
Hoy día sus pinturas valen importantes sumas de dinero y le sobran compradores y críticos. Los más drásticos lo acusan de venderse a la misma sociedad que censura. Otros, de no respetar la ideología de aquellos a los que impone sus murales o, simplemente, ensuciar. Por eso no sorprende que la comisión de limpieza de Londres haya borrado una obra suya valuada en medio millón de dólares. “Reconocemos que hay quienes ven el trabajo de Banksy como legítimo arte, pero lamentablemente nuestro equipo de limpieza de graffitis está compuesto por limpiadores profesionales y no críticos de arte”, se excusaron.
(1) Algunos de los lugares donde Banksy colocó sus obras sin consentimiento fueron el Museo Británico de Londres, el Museo Metropolitano de New York, el Museo de Brooklyn, el Museo Americano de Historia Natural de New York y la Galería TATE MODERN de Londres. En ninguno de los casos se produjeron daños sobre las instalaciones u otras obras.
(2) Banksy reemplazó alrededor de 500 copias del cd presentación de Paris Hilton por uno con obras suyas en varias tiendas de Londres
(3) The Daily Thelegraph, 20/04/07
