Quien piense que en Buenos Aires es el único lugar de Argentina donde se produce cultura está totalmente equivocado. Ciudades como Rosario, Córdoba, Mendoza y algunas tantas otras son hoy en día verdaderos hervideros de cultura emergente, artes de calle y alternativas artísticas. En este caso nos referimos a la ciudad de Mar del Plata, de la cual proviene un proyecto denominado Plastilina Ball, una compañía de performance que con su espectáculo 366 explora los nuevos lenguajes escénicos multimedia.
Plastilina Ball es un grupo de investigación y desarrollo de lenguajes escénicos que apunta a fusionar disciplinas artísticas y tecnología, con el fin de generar un lenguaje propio. Desde 1998 el grupo realiza performances en diferentes espacios de la ciudad de Mar del Plata, experimentando con artistas de todas las ramas del arte (teatro, drama, artes visuales, circo, música, etc). Nos entrevistamos con Mario Vazquez, director de la compañía y esta fue la charla que mantuvimos:
―¿Cómo se formó Plastilina Ball?
―Plastilina Ball se formó el día que me di cuenta que lo que hacía no tenía una forma concreta, ni un color uniforme, pero era lo suficientemente flexible para moldear y darle la forma que desee. En mis casi diez años de performer tuve la suerte de conocer artistas de todas las ramas, actores, acróbatas, músicos, bailarinas, djs, vjs, pintores, fotógrafos, etc. Para cada proyecto de Plastilina Ball convoco un grupo de artistas que, aunque no coincidan en sus disciplinas, formaciones o edades, compartan un mismo código, la pasión por lo que realizan, la actitud y la frescura, manteniendo la diversión y la sensibilidad en el trabajo. De esa forma el resultado siempre es satisfactorio. A partir del 2003 comencé a incluir recursos tecnológicos en las performances, proyecciones, cámaras en tiempo real, elementos lumínicos programables, etc.
En el invierno del 2006 trabajé con más de quince artistas con el fin de contar una historia de una forma diferente, así nació 366.
―¿De qué habla 366?
―366 habla del destino y de como uno puede ser manejado por él o quebrarlo y tomar otro camino. Cuenta la historia de Domingo, personaje que le tocó nacer un 29 de febrero y a partir de ese día su vida fue tan extraña como especial. Una edad indefinida, particulares festejos de cumpleaños, su rara forma de vestir, el encierro y la soledad, sumado a su personalidad neutra, lo aísla cada vez más de su entorno.
Sólo tres cosas le generan placer: su casita, bailar y Celeste. El destino le juega en contra y lo maneja, hasta que un día él decide manejarlo.
366 navega al límite del humor y el drama, lo abstracto y lo concreto, la poesía y el absurdo.
La puesta en escena es bastante original, fruto de investigación de diferentes lenguajes escénicos. Varía según los recursos técnicos y espaciales del escenario, pero siempre utilizamos por lo menos 1 pantalla de 4 x 3 metros para que interactúe con los actores y además apoyar con imágenes las escenas en el escenario.
―¿Cómo fue el proceso de creación?
―El proceso de creación fue complejo pero muy divertido. Sabía que quería trabajar con una o dos pantallas digitales, poca escenografía, buena música, 3 o 4 protagonistas y un grupo de 6 artistas a los que bauticé B.A.U. (bailarines, actores, utileros)
Soy de la generación del video clip y la performance por lo tanto el proceso fue inverso a lo normal, primero visualicé diferentes cuadros cortos, cada uno con algún efecto fuerte para explotar y luego escribí la historia. Para realizar la dirección de la obra utilicé algunos recursos de dirección operística, solo que en vez de utilizar escenografías monumentales tenía pantallas digitales y un músico electrónico en lugar de una orquesta, sumado a los protagonistas y los B.A.U.. Cada uno de los que participó en la creación fue indispensable y se formó un grupo genial. Desde los fotógrafos y dibujantes que generaban material para que Damián realice sus animaciones, pasando por Virginia, la coreógrafa que tradujo en movimientos precisos cada situación que le transmitía, hasta los utileros y técnicos, sirviendo a los actores que lograron divertirse en escena, luego de tanto trabajo y ensayo.
Todas las áreas de trabajo llevaban un mismo ritmo y el mismo entusiasmo y esa energía se reflejó en el escenario.
―Es bastante reciente la obra… ¿qué planes tienen?
―El estreno fue hace un año, el 8 de diciembre del 2006, en un espacio que no era un teatro, luego de hacer dos funciones más, nos invitaron del teatro Auditórium donde la obra tomó la forma deseada por mí en un principio, sin desmerecer las otras funciones, pero en un teatro la caja negra y los recursos técnicos, además de la comodidad para los espectadores, es otra cosa. Esta función generó una invitación para “Pecha Kucha” en ciudad Konex de Buenos Aires, evento global que reúne 12 creativos del país y el mundo. Aquí sumamos elogios y comentarios super constructivos y alentadores.
Gracias a la web recibimos invitaciones de diferentes festivales de nuestro país, Colombia, Brasil y España, aún nada concreto. La obra está hecha para montarla donde se nos invite. Es un orgullo y un placer que alguien le preste atención a este producto habiendo tantos grupos en todo el planeta.
Mientras tanto hemos realizado una obra infantil digital, 20 mil cuadras de viaje en bicicleta, para un ciclo de vacaciones de invierno en el teatro Auditorium. Realizamos 14 funciones todas a sala llena, más de 1000 espectadores por función. Fue muy divertido. El mismo recurso pero con otra historia y otro lenguaje.
Ahora estoy trabajando en dos proyectos de obra, con otro formato y dos instalaciones interactivas, siempre utilizando la tecnología como canal para transmitir los sentimientos y energía de los artistas… y searching for sponsors...
―¿Cómo es la escena teatral de Mar del Plata? ¿Cómo es trabajar desde allí?
―Mi relación con Mar del Plata es de amor y odio, ya que es al mismo tiempo una ciudad grande y un pueblo, a mí me gusta trabajar como ciudad grande pero tengo presupuesto de pueblo. Un ejemplo: un año de trabajo para estrenar 366, muchos artistas y sponsors y tuvimos que estrenar en un espacio que no era un teatro porque en el teatro “grande“ de la ciudad, en el único que entraba la puesta, había una colación de grado de una escuela. Hay pocos grupos de teatro que realicen producciones serias, los que lo hacen están subvencionados por el gobierno... y nunca subvencionan a los que hacemos “cositas nuevas y locas”. En danza hubo un crecimiento en los últimos años, hay muchas compañías que trabajan mucho y producen un espectáculo por año, en circo generamos artistas interesantes, pero emigran... Tenemos músicos, plásticos y diseñadores excelentes. No hay espacios cómodos para trabajar.Vengo peleando desde el ‘98 intentando hacer y generar en mi ciudad y para mi ciudad pero además tuve la suerte de viajar mucho y sentí como es el trato hacia el artista en otros países culturalmente más desarrollados y con estas producciones me gustaría experimentar a ver qué pasa fuera del país.

Quien
piense que en Buenos Aires es el único lugar de Argentina donde se produce
cultura está totalmente equivocado. Ciudades como Rosario, Córdoba, Mendoza y
algunas tantas otras son hoy en día verdaderos hervideros de cultura emergente,
artes de calle y alternativas artísticas. En este caso nos referimos a la
ciudad de Mar del Plata, de la cual proviene un proyecto denominado Plastilina
Ball, una compañía de performance que con su espectáculo 366 explora los nuevos
lenguajes escénicos multimedia.
