El MATADERO IV

por  Diego Altabás 14 Agosto 2007

::: El Matadero IV :::   La vieja aceitera del Abasto, actual Ciudad Cultural Konex, fue una vez más sede de las Pecha Kucha Night (PKN de ahora en más), evento de “showcasing + networking” (¿?) en el que una decena de artistas y creativos provenientes de los puntos más diversos de la cultura, cuentan sus ideas y proyectos a través de veinte imágenes de veinte segundos cada una. 

La vieja aceitera del Abasto, actual Ciudad Cultural Konex, fue una vez más sede de las Pecha Kucha Night (PKN de ahora en más), evento de “showcasing + networking” (¿?) en el que una decena de artistas y creativos provenientes de los puntos más diversos de la cultura, cuentan sus ideas y proyectos a través de veinte imágenes de veinte segundos cada una. Seis minutos y cuarenta segundos totales, una pantalla con proyector de video y un micrófono abierto, como puntos de partida conceptual para que los presentadores dejen sus impresiones y camino recorrido; en lo posible con una vuelta creativa. Pero esa es otra historia, aunque siempre hay excepciones, como verán a lo largo de la noche.

20:00 PM Con una puntualidad poco común en este tipo de encuentros las puertas abren sus fauces para tragarse a las trescientas personas, en su mayoría jóvenes, que aguardan en la vereda de Sarmiento 3131. Luego de un fugaz paso por la barra, el público sube por esa gran lengua naranja que es la escalera diseñada por Clorindo Testa para acceder a la sala A.

20:15 PM Mientras los invitados buscan sus ubicaciones en las gradas, Sami Abadi (violín eléctrico) y Leo Clerici (teclado) musicalizan el ingreso y la pantalla, al centro del espacio escénico, informa que las PKN transcurren en más de 60 ciudades alrededor del mundo. En www.pechakucha.com.ar terminan de explicar la idea general de la propuesta: “El evento luego se transforma en un espacio para charlar, escuchar música y pasar un buen rato. Es el momento de encontrar trabajo, un socio, de acercarse a los presentadores con preguntas o tarjetas. Es el momento de apreciar la música, de conocer personas afines y sus aspiraciones, inspiraciones y frustraciones”.

20:24 PM El anfitrión, una especie de conductor darkie con pinceladas de clown, da la bienvenida a la sexta edición de las PKN, para luego presentar al primer invitado. Así será con el resto de los participantes a lo largo del primer bloque.

20:26 PM Bozzola-Gallardo (arquitectura).

20:33 PM Artmongers (arte).

20:40 PM Acido Surtido (editorial).

20:47 PM Oscar Brahim (arte).

20:54 PM Fundación PH15 (fotografía).

21:01 PM Pattern (productora).

21:08 PM Finaliza la parte inicial. Hasta el momento todos siguieron la misma dinámica, en la que un zapping aburrido, auto referencial y sin riesgo, fue el denominador común. Un desaprovechamiento absoluto del espacio en el que lo importante es decir el nombre o el site del artista la mayor cantidad de veces posible. Cada uno con su estilo, con mayor o menor gracia, con o sin nervios, tomó el micrófono para leer o contar lo que las imágenes en pantalla mostraban de sus trabajos. Todos grandes talentos que ante la tentación de mostrarse públicamente optaron por venderse cual remate, sin aportar ninguna idea nueva al evento que vanagloria la creatividad y las nuevas tendencias.

Antes de pasar al intervalo anuncian que la performance de Emilio García Wehbi, que iniciará la tanda siguiente, puede afectar a las personas impresionables. El público se retira lentamente a consumir a la planta baja, comentando lo visto hasta el momento a pesar de las insípidas intervenciones de los artistas.

21:47 PM Con el público nuevamente ubicado y sin que se note un éxodo masivo ante el inquietante anuncio realizado hace cuarenta minutos, comienza El Matadero versión comprimida. Una experiencia dura, sintética y violenta, como un martillazo que golpea sin piedad la cabeza de una vaca. El público, con el respeto del silencio teatral en las butacas, recibe el golpe.

21:48 PM Un performer vestido con camisa y pantalón celeste de enfermero y máscara de luchador mexicano toma el micrófono a un costado de la pantalla. Está acompañado por una enfermera que comienza los preparativos para una extracción de sangre y una asistente que sostiene un conejo blanco muerto con la panza abierta. El performer se saca la camisa, toma el conejo con su brazo izquierdo extendido y dice al micrófono: “Les voy a explicar a ustedes y a esta liebre muerta qué es el arte moderno”.

::: El Matadero IV :::21:49 PM Mientras el perfomer lee un texto de Walt Whitman que tiene delante apoyado en un pequeño atril, la enfermera conecta un tubo a una vena del brazo izquierdo del orador, para luego dejárselo pegado, colgando, en medio del pecho. El público mira atónito, solo los flashes de las cámaras digitales dan señales de que hay vida frente al escenario. En las pantallas se suceden fotos de diversos pasajes de El Matadero (Slaughterhouse) volumen I, II y III, con los nombres impresos de diversos artistas y escritores referentes de la performance. Bacon, Foucault, Witkin, Burroughs, Helnwain, Deleuze, Bataille, son algunos de los que conviven veinte segundos con las imágenes registradas durante el último año y medio de intervenciones.

21:51 PM El performer se desangra en escena, literalmente hablando. El goteo rojo cae sin detenerse, mientras las palabras se mezclan con los mugidos que salen por los parlantes. La mayoría mira encandilado la escena. ¿Qué cruzará por la cabeza del público en este momento?

21:53 PM “Permítanme poner fin a esto: me pronuncio abiertamente a favor de una nueva distribución de roles. ¡Que los asesinos, intolerantes, imbéciles y mugrientos ofrezcan propuestas nuevas! ¡Que el aplauso del público sea recibido por el decorado! ¡Que los únicos tolerados sean los infieles! ¡Que los peores hombres engendren hijos con las peores mujeres! ¡Que se inaugure la muerte!”, cita el performer sin inmutarse, a pesar de que su sangre ya llega al piso provocando una marca indeleble. En un momento deja caer el conejo al piso y con el brazo rígido en el aire continúa con el incendiario manifiesto.

21:55 PM Las imágenes finalizan al límite del tiempo estipulado y funde a negro, pero el performer necesita un minuto más para terminar su faena. Esperemos que no se enoje el señor Pecha Kucha por esta transgresión temporal.

21:56 PM “¡Que el hombre blanco ponga nuevamente la bota sobre la cabeza del hombre negro! ¡Que el hombre busque placer en todos lados menos en él mismo! ¡Que la mujer busque felicidad en todos lados menos en ella misma! ¡Y que los limitados años de la vida no hagan nada por los ilimitados años de la muerte!”. Así finaliza la aparición de Wehbi, mientras un tibio aplauso baja de las tribunas.

21:57 PM Antes de pasar al siguiente invitado se genera un pequeño tumulto en el público. Alguien grita: “Es un ataque de epilepsia!”, se prenden las luces generales de la sala y una chica aparece desmayada en su asiento. ¿Es un bonus track? El murmullo gana la platea y llega corriendo la enfermera-actriz. Luego de unos minutos de incertidumbre la espectadora vuelve a su color original y sale de la sala asistida por personas ligadas a la producción del encuentro.

22:07 PM Pasado el colapso, dentro y fuera del escenario, todo vuelve a su cauce previsible. Durante los siguientes veinte minutos pasan: Hachetresele (diseño), Albanos García (fotografía) y Manuel Marti (arquitectura).

22:30 PM Es el turno del cierre a cargo del genial Tute (humor gráfico) en pantallas junto a Irupé Tarragó Ros en teclados. Ante la ausencia física del hijo de Caloi, la otra hija de famoso toma el micrófono, presenta su propuesta y finaliza con un demagógico: “Esperemos que no tenga que correr sangre para que haya arte la próxima vez”. El público agradecido de que alguien ponga las cosas en su lugar aplaude el triste comentario.

Así pasó El Matadero por la PKN, haciendo lo que había que hacer, una acción performática para sacudir desprevenidos y para recordar que la sangre no siempre es el advenimiento de la muerte, sino la constatación de algo vivo. 

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