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Ahí, donde la pose hipster o el rock screamo no llegan. Ahí, donde abundan barbas y paisajes bucólicos. Ahí, donde un día de semana escandaliza a viejas gordas. Ahí, donde el tiempo de fábula predijo el lacerante final de un género obsoleto. Afirmativo, a partir de ahí juegan las Zizek. Un singular modelo fiestero (¿exportable?, ¿exportado?) que demuestra la perspectiva bastarda de una cultura masticadísima, la de la cumbia y sus parientes cercanos. Sin embargo, de forma pacata y elegante, lo trash huele a ruptura hiphopera y dub lacaniano.
Parafernalia cool de un objeto desconocido
Lo impensado se hace realidad. Cuando el fin de la cumbia estaba cantado con años de rockera antelación, llega un combo de artistas que se animan al género resistido por estirpes puristas, bastardeandolo (con total respeto y curiosidad) al punto de generar un nuevo sonido, una nueva movida, dentro de la escena argentina.
Sin estructuras estandarizantes, las fiestas Zizek, juegan con la experimentación musical y visual donde nuevos-viejos músicos se ponen la chaqueta de "reinterpretar el universo" según su cosmovisión.
Rememoran los libros que el rock y el pop nacieron de un coito prohibido entre músicas (hoy) vetustas. Conjeturas mediante: si esos dos géneros bestiales fueron cruzas inverosímiles, imaginen lo que son estas fiestas. Las Zizek fueron paridas sin cigueñas, sin filosofías dogmáticas (claro, el combate viene desde el nombre), por lo que el híbrido se le puede atribuir a un responsable: el señor Diego Bulacio (aka: Villa Diamante).
Hoy, Bulacio se ríe y disfruta de su invento: "Ponerle Zizek a una fiesta de hip hop era lo más bastard que podía existir", desliza asegurando que el filósofo (contemporáneo e instalado en Argentina) no tiene ni idea de lo que esta fauna hace de su nombre. Es que su "humilde" homenaje viene dado por la verdadera obra de Slavoj Zizek, ya que, de forma anárquica, el pensador puede darle explicación psicológica a una cruza improbable de problemas políticos con ideas de George Lucas acerca de una guerra de las galaxias. Curiosamente, en las fiestas no hay filosofía sino música electrónica, hip hop, cumbia (digital) y reggeatón. Buena metaforización, buen tributo.
Villa Diamante se abre a Zizek como "un vale todo". Expresión karateka surgida bajo la premisa de experimentar con la pista de baile. Además, la música no tiene moral dirían, en su momento, unos forajidos cansados de dar explicaciones. Y será así como Zizek, economizando preámbulos, se agarrará de esa erudita frase para llevarla como bandera a la victoria.
En esa totalidad, donde no existe el sentimiento de culpa por "mixes impracticables" y donde lo habitual se adhiere al "si puede pensarse, puede hacerse", todo está perfecto. Libertad para obrar, le dicen.
Es sabido, también, que nada relaciona al hip hop, reggeatón o la cumbia con un filósofo. Menos aún tratándose de una innovadora fiesta en lugar de un análisis sociológico. La pregunta retórica es: ¿quién podría negarse al deleite de este crossover?. De acá en adelante (todo) es pretencioso.
Okay. Desde el vamos la idea del título resulta presumida, es que cualquier proyecto pretende serlo, ya que Zizek remonta al filósofo esloveno Slavoj Zizek. En consecuencia: ¿qué más atractivo que ponerle el nombre de un pensador de la ex-Yugoslavia a una fiesta semanal con alto porcentaje de extranjeros?.
No existe teorización para el groove de una pista de baile. La intelectualidad es tirada al demonio cuando las paredes transpiran un jueves por la noche. Es que los días de semana fueron hechos (dicen) para dormir la mona en peronistas lechos matrimoniales. No obstante, nadie hace eco de reclamos y el esfuerzo por vigilia (natural, sobrehumana, o de la otra) se hace posible. En varios meses de existencia, las fiestas Zizek se han convertido en un territorio donde dos artistas -a veces más-, sin aparente unión, se juntan y, vaya paradoja, engendran algún monstruito soundsystem.
Una política de autonomía musical genera cierto tipo de independencia. La gran mayoría de artistas que participan del colectivo Zizek entregan sus discos al dominio público bajo la única tutela que otorga un website de Internet (www.zzkrecords.com). Algo está claro, hacer la "gran Metallica" no es su objetivo, sino más bien lo es generar una cultura -digital- de difusión de la información.
Las tendencias del mundiales se ponen de manifiesto en manos de tipos como Nim, El G, Daleduro, Fauna, Lucas Luisao, Lucas DM, Cuco, Dr. Chance, y quién sabe cuantos más. Para lograr su cometido muchos utilizan el género mash-up (ver: Mash-Up, un respiro nuevo en los dancefloors mundiales) logrando una entropía sanguínea de bailes primitivos y (hasta) autóctonos reinterpretando músicas remolonas acompañadas por imágenes paganas.
Concurrir a una de estas fiestas es dejarse llevar a un mundo donde uno se regala a bailar su tema favorito en medio de otro tema que nunca pensaba escuchar. Eso es lo bueno. Claro, también la novedad. Muchos de los artistas Zizek se animan a jugar -cada vez más- con su público y con músicas ajenas a sus creencias particulares gestando un enigma cultural digno de una película de Warhol.
DATA NECESARIA: Las fiestas Zizek se celebran algunos días de semana en un variado itinerario porteño. Para info más concreta acerca de cómo y cuándo ir, chequear www.zzkclub.com
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