En Lanus East Side, al fondo, está el universo Orge. Allí, en la terraza psicodélica, entre cactus y graffities, las paredes de la pequeña habitación recuerdan al pasado y presente de uno de los principales músicos y activistas en el complicadísimo camino por la despenalización de la tenencia de marihuana. Como desde hace veinte años Orge (a.k.a. Jorge Asprea), quien alguna vez compartió escenario con Luca Prodan y debate televisivo con Mariano Grondona, abre la boca y dice lo que tiene que decir, en plan quijotesco, sobre las verdades del cannabis: “Yo soy underground a fuerza de censura. Fui el primero que dijo públicamente legalicen la marihuana con todas las letras, y no: “Meditar con éter perfumado” (recuerda cantando)”.
Orge alimenta la fauna de artistas que batallan los escenarios en peligro de extinción, pero siempre on the road, buscándole la vuelta para llegar con su dub-insound-antisystem y mensaje de humo dulce. Desde reductos en las sombras como La Jato de Boedo o Fugees 99 en San Telmo, hasta el palermitano Spell Café, todo vale en los campos del señor (en la Biblia de Orge el señor en cuestión lleva tremendo cogollo en medio del pecho). “La onda es llegar a todos lados. Estoy esperando que Mirtha Legrand me invite a comer y de postre le voy a decir: “Mirtha, fumate éste conmigo”, y estalla en una carcajada espesa, mientras hace circular la materialización de su discurso en formato king size.En el universo Orge la primavera llega en abril cuando las flores crecen colgadas boca abajo, Kaya (la hermosa hijita de Orge y Caro, su mujer y compañera de mic) apenas gatea, y a veinte metros de distancia, en una terraza vecina, una casilla de chapa diminuta y sospechosa parece seguir los pasos de la familia. “En la Argentina actualmente hay una masa crítica muy importante de fumadores, ya somos cinco millones. El problema es que al atacar al usuario lo que están haciendo es favorecer al narcotráfico, el producto sube de precio, por su ilegalidad y por lo riesgoso de tenerlo. En definitiva los que cagamos siempre somos los consumidores”, explica apasionadamente y vuelve a la carga: “¿Qué es apología? ¿Tenés que hablar mal de las drogas, porque si hablás bien no lo es? Esto es coaccionarte a opinar de una manera, porque sino es apología”.
La cruzada lo llevó a escribir una carta al mismísimo pingüino mayor de la nación, donde plantea su situación (uso terapéutico) y la del resto de los usuarios, algo así como el quince por ciento de la población. La iniciativa tuvo respuesta postal firmada y oficial. “Todas tus inquietudes serán dirigidas al SEDRONAR (Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico)”. “A esta altura ya tendría que estar despenalizado, como lo está en el Uruguay, donde veinticinco gramos es legal en todo el país, porque es tenencia para uso personal”, recuerda quien desde hace siete años apoya el trabajo de la ONG ARDA (Asociación de Reducción de Daños de la Argentina) en el camino legal por la despenalización.
En el universo Orge hay zapatillas de las tres tiras modelo Hemp hechas de cáñamo, remeras de todos los colores con la hojita sagrada, kilos y kilos de miel del Uritorco, y un disco a poco de salir (se lo espera para la primavera careta, en septiembre). “Estoy grabando un disco con Tito Losavio en la producción. Tito toca todo, el bajo, la guitarra y hace todo él. Nosotros lo único que hacemos es grabar las voces, sugerirle ritmos y darle ideas”, comenta sobre la futura edición que se llamará “Medicación trascendental”.
Indefectiblemente pinta el bajón. La conversa se retuerce en caminos sin final y es hora de partir. A veinte metros de la puerta del Universo Orge un policía escolta la entrada de una sandwichería. Las neuronas disparan asociaciones oscuras. Es hora de volver a la Capital.

