| PORNOGRAFÍA EMOCIONAL |
|
|
| Escrito por Ana Durán | |||||
| 11.11.1998 | |||||
|
José María Muscari, director, y Matías Méndez, dramaturgista, clasifican, ordenan, confunden y degradan la artificiosidad de los talk-show, de sus conductoras y sus entrevistados en Pornografía emocional, un espectáculo-coctail altamente explosivo de grosería descarnada, y crítica. Ya olvidaron si el under los eligió o fue al revés. Mujeres de carne podrida, que continúa en cartel, los instaló allá y les proveyó una trup de jóvenes fanáticos que los acompaña de manera incondicional. De catorce actrices en escena pasaron la adultez de pornógrafos con treinta y cuatro personajes, más una diseñadora de movimiento, Mey Ling Bisogno.
Teatro como en el teatro Y se lo tomaron en serio. Vieron Causa Común de María Laura Santillán, Hablemos Claro de Lía Salgado, Amor y Moria , Gente que busca gente de Franco Bagnato y el ya extinto Sin Vueltas de la pelirrubia Karin Cohen. Fueron público de sala de algunos programas e indagaron entre amigos camarógrafos y personal de los canales de televisión. "Estos programas de realidad social me parecen muy teatrales porque los protagonistas creen profundamente en lo que están haciendo. Y eso es algo que muchas veces a nosotros como actores nos falta", opina José María, parado en su papel de hombre de teatro. Cuenta que en alguno de esos programas, los entrevistados acusan a un ausente que luego aparece como voz en off para defenderse de las acusaciones. Cuenta que le pagaron a alguno de sus actores para representar esa voz en el teléfono y que la persona acusadora, una vez consciente del truco, seguía manteniendo la convicción para no dar el brazo a torcer y desilusionar a tantos espectadores. Cosas de la televisión sensible y de denuncia. Su puesta en escena no responde al formato estático y semicircular de la televisión. El sótano de La Almohada, cantobar del Abasto, es un hervidero de personajes entre eróticos y groseros que fluyen casi con la rapidez del video-clip pero con la energía avasallante de un volcán.
¿Y qué es pornografía, me preguntas mientras clavas en mi
pupila tu pupila azul? Para el director "está vinculado a lo sexual pero
también a lo barato, gratuito, obvio. Ninguno de nuestros personajes -putas,
taxi-boys, golpeadores, mariquitas- está angustiado porque le cuesta
sobrellevar su mundo sórdido. Simplemente
lo exponen con total impunidad". Matías Méndez, un licenciado en filosofía devenido en teatrero-dramaturgista, apuntala desde su mirada de intelectual: "La pornografía es una característica de esta época. Vivimos la era del fin del secreto. Todo está expuesto y dicho. Sucede lo mismo que en los videos porno: una vez que se exponen los genitales en primer plano, ya se vio todo. La siguiente secuencia es redundante y hiere la vista. Lo pornográfico está en la obsesión por el detalle, por ver tan de cerca. Esta obra es una síntesis de todo esto pero llevado al extremo. Hay tres conductoras, y cada una tiene un estilo: una especie de Moria Casán que es aparentemente contenedora, se emociona y sufre más que la entrevistada; una Lía Salgado que es la agresiva que tira sal sobre la llagay una híbrida de María Laura Santillán con Karin Cohen, es decir, la boba del lugar común que dice banalidades. Las acompaña un grupo de personajes estereotipados: la mujer golpeada, el violento, el gay no aceptado por la sociedad, el taxi-boy, la prostituta, la vecina del barrio que se va a quejar y personas con "rarezas sexuales". Y de fondo, una especie de coro de la tragedia griega que comenta y acciona. Ellos pertenecen a este lugar y son un producto que vende sexualidad barata".
Morbo y pesetas Las luces del piso se apagan, y en los camarines las chicas despintan sus caretas de señoras preocupadas por el dolor ajeno. "Hoy me tocaron dos violadas y un golpeador". "Y a mí un mariquita insoportable". En una silla de ruedas, sin brazos ni piernas, Divina Disfonía se acerca para amenazarlas, humillarlas y sacar de ellas el mejor partido. "En la obra hay un personaje que es la condensación del morbo. Es la antropomorfización de la televisión en su peor sentido, una especie de larva, morbosa y degradante. Ella hace que las locutoras pongan en evidencia que su interés es puramente comercial. Y allá aparece algo que no se mezcla: ¿se puede hacer negocio con esto?", se pregunta Matías Méndez. Y agrega: "Lo único que estos programas pueden hacer es alimentar el morbo del espectador, como un chisme electrónico: antes pegaban la oreja a la pared para enterarse de lo que le ocurría al vecino. Ahora lo ven en la pantalla de televisión, con puesta en escena y todo".
Powered by !JoomlaComment 3.12 Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved. |
|||||
| Siguiente > |
|---|











Zuliana, la telespectadora errática, tropieza sin rumbo por
el salón y un coro de voces dantescas acompañan su camino gritándole a viva
voz: "¿El te viola, no es cierto? ¿Te despatarra sobre la alfombra y te
atornilla sin asco? ¿El utiliza látigos punitivos, collares erizados de clavos,
cinturones de castidad, anillos peneanos y ungüentos urticantes o anestésicos
para sexo anal? En buen criollo: ¿Qué te tira más, nena: la cama o el chalecho
de fuerza?"
