| Entrevista con CESAR BRIE :: Director del TEATRO DE LOS ANDES |
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| Escrito por Germán de Souza | |||||
| 20.05.1998 | |||||
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—La esterilidad que reina en esta época, que se la relaciona con la llegada del fin de milenio, es la característica principal de la década. ¿Esto inspira o condena al artista? —Yo creo que lo condena totalmente. Lo inspira también, porque el artista no puede no inspirarse, pero el artista es un condenado de los comerciantes, del depender, de la ausencia de espirualidad, de la banalizacion de todas las cosas. Un artista básicamente debe tener un público, sino tienes un público, obviamente, sobre todo en teatro, no estás trasmitiendo porque nadie te ve. El teatro existe en tiempo presente. Pero a mí se me ocurre que hoy hay una enorme idea del teatro, de las artes escénicas como comercio, aquí piensan que sino estás en la televisión no exites. Es una aberración. ¿Que acaso existes porque estás en televisión? ¿Existir es que te conozcan porque apareces en la pantalla o existir es porque, tú como artista realizas algo que tiene sentido para tí y que dice algo a la gente? Es aberrante la idea de existir en cuanto a figurar en la mediocridad cotidiana... —A la hora de la cena, que precisamente es el horario central de la pantalla... — Entonces si existir es eso yo prefiero no existir. Pero hay algo que me aterra mucho y aún más en ciudades como esta. En una época Buenos Aires era una ciudad culta. Hoy día si la veo a nivel periodístico, por ejemplo, es una ciudad de presuntos cultos, obviamente hay excepciones. La cosa aterradora que veo es este nocionismo que esconde una absoluta ignorancia. Todos tienen una idea pero nadie conoce, entonces es como leerles la mente, es como un estudio antropológico que podemos hacer a través de los periodistas; cómo se piensa aquí, cómo piensa el mediano ignorante, porque el periodista es generalmente eso en la ciudad de Buenos Aires. Parece que a la prensa aquí no le interesa reflexionar sobre el genocidio efectuado, sobre la nueva etnia que ha surgido y que surge que es el mestizo, que aquí muy vulgarmente podría llamarse el ¨cabecita negra¨, así como no interesan las actividades latinoamericanas. Nosotros trabajamos en Bolivia, que es un país con grandísimas contradicciones, más atrasado si así se podría decir, con una fuerza cultural gigantesca también, donde hay una mezcla de culturas muy conflictivas, igual que aquí. Yo creo que hoy, hay que recuperar la frase de Niezstche, de Zaratustra, donde dice que hay que salir más allá de las ciudades. Nosotros no tratamos —esa es una de las banalizaciones que se hizo aquí, los periodistas, justamente, los ignorantes—, de hacer un teatro campesino, sino que recuperamos para nuestro trabajo, o analizamos o estudiamos todo lo que conforma el principio cultural, étnico y social del pais en que trabajamos. Hay que saber e ir más allá, hay que pensar que todo lo que aquí ocurre, ocurre aquí y no necesariamente en otro lado. Lo que es contemporaneo en este país tal vez no es contemporaneo en otro y que ser vanguardia en Bolivia es diferente a ser vanguardia en Paris seguramente. Sólo en una lógica así se puede no ser localista o eurocentrista o buenosairista o lo que fuere y colocar cada búsqueda y cada experiencia artistica en su justa dimensión. —¿Por qué es importante para vos estar en Bolivia en este momento? —Bueno yo he sido un exiliado y volví después de 11 años a la Argentina. En ese momento empecé a buscar y no encontré lo que buscaba aquí. En Bolivia, en cambio, encontré la posibilidad de realizar un desafío, que era construir un teatro autónomo, un teatro independiente, un grupo teatral que hiciera un teatro profesional con un antiguo sentido, el de profesar las propias motivaciones. Y que fuera creativo. Y que se alimentara de las diferencias; las diferencias entre nosotros y las diferencias de la sociedad, las diferencias de pensamiento, las diferencias en sí del teatro que es un lugar donde se piensan las diferencias, sin tratar de homogeneizarlas, homologarlas, reducirlas a un común denominador. Entonces Bolivia me pareció un lugar apropiado para hacerlo. —¿Cuál es el concepto del Teatro de los Andes en Bolivia? —Bueno, hoy se nos considera, tal vez, uno de los teatros que más representa al pais, el primer teatro profesional, el que vive hoy día del teatro exclusivamente. —Y en cuanto a la escena ¿Creés que le está quedando chico el escenario al teatro? —A veces sí, hay que sacarlo también, no por que pensemos sólo en el teatro callejero, que es también una posibilidad. La sala de teatro misma ya fue destruida de algún modo, ya la división tradicional del espectador del teatro italiano es del 1700, tiene 200, 300 años de vida, hay todas otras formas que ya fueron inventadas, hoy existen en teatro otras concepciones, por ejemplo, el desarrollo de lo que fue la idea del objeto, o las experiencias de grandes instalaciones urbanas. Nosotros hemos tenido espectáculos que trabajamos con público de ambos lados, con chicos rodeándonos, en la calle, en teatros. Generalmente para hacer nuestro trabajo tratamos de poder variar, que nuestros trabajos fuesen representados en diferentes espacios. Mi idea es lograr adaptar las obras a todos los espacios posibles, pero curiosamente en Bolivia siempre se trata de hacer algo para que esté en los teatros, porque siempre hay un lugar, siempre hay teatros. Pero hay que ir donde está la gente y es el mismo teatro el que ha encontrado a la gente. Si uno tiene fuerza la gente va a terminar amando al teatro. —Qué importancia creés que tiene el espectáculo en vivo en una época en donde la mayoría de las cosas son transmitidas vía satélite o a través de Internet. —Siempre se ha hablado de eso con respecto al cine, acerca de esa contrapocisión que existe entre el teatro, que está vivo en el momento que se manifiesta y el arte que ya fue hecho y que sólo se reproduce. No hay reproducción técnica que sustituya el ahora y aquí del presente, que es insustituible. Hay algo que a mí me preocupa y es que todo el desarrollo tecnólogico es como que cada vez deja menos campo a la imaginacion. De hecho si te das cuenta, cada vez más, los montajes son más rapidos y el bombardeo de imágenes es de una frecuencia más reducida, justamente porque va perdiéndose la capacidad de atención. En ese sentido hay que rescatar la lógica de personajes como Tarkovsky, personas que hacen un cine en donde buscan otro tipo de percepción, en el tiempo, en la cámara, el color, la forma, creo que eso es importante. Ahora todo el proceso tiende a negarlo, tiende a marginar ese tipo de procedimiento mental en nombre de una hiperestimulación. Yo creo que esta hiperestimulación genera gente más bruta. Es como que necesitás un shock más fuerte para estar más despierto. Lo ideal sería poder estar despierto en la calma. —Me llamó la atención una frase de la obra “Sólo los giles mueren de amor”, en la que comparás el viaje del poeta con el del actor. —La idea es muy simple, un poeta experimenta un viaje interior, que transcribe desde una visión interior, en cambio, un actor encarna, entonces hace un viaje interior y un viaje hacia fuera, muestra, si es bueno fundamentalmente, era esta la diferencia, entonces el poeta tiene coraje, y un gran actor que es también poeta, tiene más coraje aún, porque además de escribir expone, al público y a la vida pública. —En relación a lo que hablábamos anteriormente, esta fragmentación a la que estamos sometidos nos lleva a la mezcla también, al mestizaje cultural. Desde mi punto de vista actualmente hay un afán por recuperar, reciclar formas, conjugar también. ¿Vos creés que todos los artistas terminen viajando hacia dentro y hacia fuera como el actor, porque ya no les alcanza el viaje interior? —Yo creo que hay artistas que no necesitan moverse de su habitación y pueden hacer una grandísima poesía o una gran pintura, una gran novela o una gran obra de teatro, y creo que hay artistas que necesitan experimentar más y más, pero depende mucho de la sensibilidad y de las características de cada artista, eso es lo grande también del arte, que hay premisas tan diferentes y todas valen. —¿Que te parece que el artista plástico, por ejemplo, salga de su lugar habitual de trabajo para realizar una perfomance? —Fantástico. Se debe hacer. Siempre río un poco a veces de las perfomances de los artistas plásticos porque se enamoran mucho de sus ideas, eso es algo que uno aprende en teatro, que las ideas no valen nada, lo que vale es lo que experimentás. En teatro nosotros decimos siempre que hay que saber renunciar a las ideas, porque hay grandes ideas que son una cagada realizadas y hay ideas que parecen banales y al final son estupendas. A veces a los artistas plásticos les falta experiencia performativa. También están afectados por un síndrome: muchos artistas plásticos piensan que esto simboliza aquello y creen que siempre se trata de algo concreto, pero un símbolo es algo ambiguo de por sí y no necesariamente un símbolo es un procedimiento intelectual, es también un procedimiento perceptivo de las personas, esto es lo que permite identificar lo que simboliza cada cosa, en ese sentido creo que a veces se equivocan un poco, pero me parece fantástico que hagan instalaciones, performances. Creo que es muy necesario porque lo van renovando al artista, lo van cambiando. En los happenings y las performances había presupuestos teóricos muy interesantes, el arte que se anula, el arte que adquiere rango de realidad —para mí es el que se rebaja a la realidad—, pero que es lo que obliga a otro tipo de acción, a otro tipo de posibilidades, tantas cosas, tantas ideas, en el trabajo artístico. Muchas de las actividades llamadas performances, han sido grandes fracasos, pero en general, justamente dan la posibilidad de seguir. Un poco en toda experimentación surge este fenómeno, la primera cosa generalmente no se logra, luego surge alguien que logra sintetizar la idea a través de esa primera experiencia. —Ahora, el teatro como espacio en donde confluyen todas las demás artes, ¿resulta siendo un medio un fin? —Toda obra de arte es autónoma, vive, tiene un derecho a existencia, como un árbol, un coche, una persona; en ese sentido toda obra de arte es un fin. Es también un medio, porque, si una obra de arte presupone un espectador es también un trámite, para que el espectador perciba belleza, perciba realidades, perciba metáforas, perciba misterios; en ese sentido entonces es ambas cosas. El teatro tiene una relación de urgencia de ahora y aquí con el público, en realidad. Y uno trata de comunicarse con el teatro, trata de decir lo que el artista quiere decir y que se llegue, y si no llega, es que el artista no sabe o que la gente es muy bruta. También hay quien piensa que el teatro es sólo un medio entonces usa el teatro para otro fin. Bueno, la calle Corrientes está llena de eso, ¿no? El teatro es un medio para hacer plata con las tetas de alguna señorita y hay otras obras que hacen plata con la inactividad de una clase media entera. —Justamente son aquellos que dicen que el teatro está muriendo, cuando en realidad el teatro está mas vivo que nunca en otros lados. —Está más vivo que nunca, sí, el problema es que ellos están muertos y no se dan cuenta.
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