| Acerca de TEATRO DE LOS ANDES y LAS ABARCAS DEL TIEMPO |
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| Escrito por César Brie | |||||
| 30.04.1998 | |||||
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El Teatro de los Andes estrenó en La Paz, en noviembre de 1995, su última obra Las Abarcas del Tiempo. Y en febrero de 1996, su espectáculo de calles Juan Darién. Con ellos y con Ubu en Bolivia, Solo los Giles Mueren de Amor y Desde Lejos (Cancionero del Mundo), realizará una larga gira por Cochabamba, La Paz, Sao Paulo, Brasil y luego Italia, Canadá, Francia y España. Regresará al país a fines de año. Sobre Las Abarcas del Tiempo
Los muertos nos ayudan a encontrar una nueva relación con los vivos. Sólo desde esta postura, esta obra tiene sentido. El más allá de la vida es la vida misma a la que la muerte le da fecha y sentido. Toda fiesta verdadera, todo festejo profundo nace de la conciencia de la finitud y de la muerte, no del vacío. La extrema alegría desemboca en el Ilanto y el Ilanto que evoca a los muertos deja de ser Ilanto para transformarse en júbilo. Todos transcurrimos en un breve tiempo. La memoria sirve a pesar de las horas y los destines, para vivir y trabajar con lucidez y alegría. Además, aquellos muertos que sentimos nuestros, y son miles, nos habitan, golpean a nuestra puerta, cotidianamente dialogamos con ellos. Y a pesar de despojarles de sus defectos, como si la inmaterialidad fuera una pequeña forma de santificar a los que fueron, no podemos evitar de reírnos de y con nuestros muertos. La muerte duele, no puede ser solemne. El recuerdo es carne, rabia, emoción y risa. Los muertos son tenues porque sólo pueden sugerir, aparecer, entrar en sueños, memorias, papeles viejos. Por eso la forma sublime del olvido es una extraña mezcla de humor y de recuerdo. Esta obra es muy diferente a las otras dos (Colón y Ubu en Bolivia) que el Teatro de los Andes ha realizado. Aquellas son obras grotescas, sátiras sobre el descubrimiento y la violencia, adaptadas a un contexto andino y boliviano. Las Abarcas del Tiempo, es un drama, no exento de humor, ya que consideramos el humor un aspecto imprescindible en nuestra estética, pero no es una comedía. Las Abarcas del Tiempo es fruto de algunos estudios, investigaciones escénicas y reflexiones que estamos realizando. La investigación escénica tuvo su punto focal en una forma de improvisación de los actores basada en ejercicios de utilización del espacio escénico (equilibrarlo, desequilibrarlo, contraerlo y ampliarlo). A través de estos ejercicios, realizados sin tema inicialmente y luego con temas, hemos encontrado la forma escénica para esta obra. Desde hace un año y medio, el Teatro deLos Andes trabaja en laboratorio investigando esta metodología. La otra fuente ha sido la construcción de imágenes sobre temas dados. Estas imágenes fueron unidas luego en secuencias a través del sistema de improvisaciones antes mencionado. Luego, cada actor recibió figuras y personajes a los que debió dar carne y acciones en su trabajo personal. Este ha sido el trabajo previo al montaje y paralelo a los estudios realizados. Los estudios han sido de carácter antropológico: los cronistas, la idea de los muertos en el mundo andino, las costumbres, las leyendas. Parte del material descartado en el montaje final de esta obra, será utilizado más adelante para otra obra sobre mitos y leyendas de los Andes. Recibimos ayuda y consejos de algunos antropólogos que residen en Sucre, a los que agradecemos vivamente. La otra parte del estudio ha sido específico sobre algunas figuras históricas: la biografía de Tomás Katari, la historia de Ismael Sotomayor y la poética versión que de él dio Jaime Saenz, todos los escritos del Padre Espinal: sus Oraciones a Quemarropa, sus críticas cinematográficas, sus editoriales en el semanario AQUI, la descripción de su secuestro y asesinato. El breve texto de esta obra sintetiza estos estudios de meses, pero no es un texto teórico sino poético, como corresponde a una escena teatral. Las reflexiones que viajan en modo invisible detrás de esta obra son las siguientes: Una obra de teatro que no es realista, debe buscar un modo de actuación acorde con su principio. Una actuación precisa, concreta, pero no realista. Que permita a los espíritus poder vagar en la escena en modo orgánico. Que les permita existir en cuanto tales. En esta obra aparecen muertos, se dialoga con ellos. Cada muerto es una visión, pero es también una persona concreta que sintetiza en su forma de aparecer, de hablar, de hacer, lo que fue en vida, la forma en que vivió y murió. Espinal tiene los dolores de su suplicio, la rabia de sus arengas y la dulzura y sencillez de su inmaculada visión del arte y de la juventud. Ismael Sotomayor vaga entre los muertos buscando lo que hasta el final buscó entre los vivos: su derecho a investigar, a estudiar las costumbres de su pueblo. Tomás Katari aparece introduciéndose en un hermano de raza. Su espíritu lo posee a través de su epopeya que consistió en una gigantesca caminata de Macha a Buenos Aires y en su regreso con títulos para poder ejercer justicia. Por eso le duelen los pies, y el aire que le falta es el de hoy, donde en forma más velada siguen perseverando la usurpación y la injusticia. El soldado viaja entre los muertos helado y quemado al mismo tiempo por su botín de guerra: dinero, recuerdos de sus víctimas y la sensación de haber cumplido con un destine que no buscó y que le fue impuesto. Las emociones metafísicas están en la raíz de cualquier forma de arte. La historia que contamos es también un pretexto para provocar en los espectadores un atisbo de estas emociones. Paradójicamente, la metafísica, la emoción primordial, el contacto con lo misterioso que rige parte de nuestra existencia, debe esconderse detrás de la anécdota y la historia. La forma elegida interroga los elementos de esa historia y oculta, como detrás de una cortina, al aliento metafísico que la motiva y provoca. Está presente, pero velado. Y cada espectador puede descubrirlo dentro de sí, en las cuerdas y fibras que estas aparentes historias puedan tocar dentro de él. Como decía Espinal: “cada uno está solo...” Esta frase provenía de uno de los hombres más solidarios que tuvo Bolivia. Por último, una reflexión ética: introduciéndonos en el mundo andino, no hemos querido reproducir rituales indígenas ni hacer folklore de esto. Pero nos hemos alimentado del aliento metafísico de la cultura andina para contar una historia que creemos, pertenece a Bolivia. También nosotros, Teatro de los Andes, cuatro bolivianos, tres italianos y un argentino, nos sentimos parte de Bolivia. Pero en este país fragmentado, donde se acostumbra a hablar y altar la voz en nombre del indígena, donde se Ilama “nuestro” a cosas que siguen siendo de otros, dentro mismo de Bolivia; nosotros no hablamos en nombre de nadie más que de nosotros mismos. Sabiendo que hemos iniciado un camino irreversible hacia lo profundo de esta tierra grande y generosa. Con esa postura ética hemos realizado Las Abarcas del Tiempo.
(Extraído de la revista El Tonto del Pueblo, Nº 1,
marzo de 1996)
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En el aniversario de un muerto,
su amigo más íntimo viaja a encontrarlo. Entra en el país de los difuntos (que
en los Andes no equivale al infierno)y junto a su amigo lo recorre: encuentra
otros muertos que lo interrogan. Cada encuentro es una metáfora y una puerta
abierta a nuevas visiones. El viaje por la tierra de los muertos es también un
viaje en la historia. Bolivia aparece en jirones, en un mapa ardiente y
desesperado. Los dos amigos se reconocen, encuentran a un soldado muerto. El
vivo es poseído por el espíritu de un indígena libertario y el muerto se
desespera porque quiere volver a estar vivo. Aparecen dos reinas de la belleza
muertas en una carretera; Juan Joselillo, el primer etnólogo boliviano muerto
olvidado y en miseria; el padre Espinal, secuestrado y asesinado
por paramilitares en 1980. Un predicador vivo caerá por equivocación en la
tierra de los muertos y un extraño relator, ¿la muerte?, guiará a
los espectadores en este viaje.
