| DUCHAMP vs BANKSY: ¿Es eso arte? Vanguardia y Legitimación |
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| Escrito por Marta Casale | |||||
| 14.02.2008 | |||||
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“Sin duda es un truco publicitario, pero ¿es además arte?”, se preguntaba The Guardian en su edición del 8 de abril de 2004 comentando la última intervención del artista británico conocido como Banksy. Se trataba de la colocación clandestina de una vitrina en la entrada del Museo de Historia Natural en la que podía verse una rata con anteojos ahumados y mochila y leerse un graffiti alusivo.
El interrogante, sin embargo, no es nuevo. Desde que el arte ha reivindicado su carácter de autónomo el tema de la legitimación y con él el de su esencia, se ha convertido en materia de debate, aunque es sobre todo en las vanguardias cuando esta controversia se vuelve álgida. “La pregunta filosófica sobre la naturaleza del arte surgió –dice Danto- dentro del arte cuando los artistas insistieron, presionaron contra los límites después de los límites, y encontraron que los límites cedían”. (1) El migitorio de Duchamp (1917) o su Mona Lisa con bigotes (1919) en los agitados tiempos de la primera vanguardia, provocaron el primer sacudón al arte institucional con el ready made y su consiguiente cuestionamiento al concepto de “artista” y, de paso, al de originalidad. ¿Qué hace que ese migitorio, para nada distinto a otros, sea una obra de arte y otro no? ¿Qué es una obra de arte? En todo caso, Duchamp instala un concepto de arte que trasciende al objeto. Como decía John Cage: descubrir a Duchamp es descubrir una forma de ver el mundo; una forma de mirar, de la idea misma de mirada que se sabe una amenaza.
Herederos de Andy Warhol y la vanguardia de los sesenta nuevos artistas buscan modos de expresión alternativos a espaldas de las instituciones que deberían legitimarlos. Fuera de los espacios tradicionalmente establecidos, encuentran en la calle su lugar de pertenencia, de encuentro, y en sus obras el punto de fusión entre lo individual y lo colectivo, la crítica y la tradición, la vanguardia y la cultura de masas.
1) Danto, Arthur. 1999. Después del fin del arte. Barcelona : Paidós 2) En otra escala, se puede mencionar como ejemplo la pintura de Constable, quien puso en tela de juicio la necesidad de encerrarse en una escala de colores única y ensayó con una paleta de verdes más claros en lugar de los pardos instituidos. Se cuenta que al ver uno de sus cuadros un prestigioso colega, desconociendo el autor, pidió intempestivamente que quitaran de su vista “ese verde asqueroso”. Citado por E.H. Gombrich en Arte e Ilusión. 3) The Guardian, 8/4/2004
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El arte siempre es “inquietante”. Quizás por eso, Heidegger
pensaba que la verdadera obra de arte era capaz de instaurar una nueva
apertura capaz de revelar nuevos sentidos. La crítica a Banksy de ser
un “subversivo del arte” ¿no cabría también a Duchamp y toda la
corriente dadaísta, al pop y el arte conceptual? ¿Acaso toda obra de
arte realmente innovadora no es, por definición, “subversiva”? (2)
Y, finalmente, buscándolo o no, terminan por conseguir la
tan mentada legalidad: sus obras se venden con excelentes cotizaciones,
se exhiben en museos, marcan tendencias. Lo cual acaba por dejar fuera
de cuestión algunos temas y plantear, sin duda, otros. Los límites
entre lo instituido y lo clandestino parecen borrarse. ¿Qué otro
sentido tendría sino la amenaza de las autoridades londinenses de
borrar las pintadas callejeras o… vender las obras para “recaudar
fondos”? (3)
