| DE LA GUARDA : DOMA : Carta de un actor |
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| Escrito por Sebastián Zabronski | |
| 27.05.1998 | |
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Página 1 de 5 "Necesito recuperar esa tierra donde enfrentare a la tormenta". Emociones encontradas, sensaciones tan contrastantes se vivieron la noche del estreno, visiones tan subjetivas y sin embargo todos éramos parte de lo mismo siendo distintos. “Quisiéramos hacerles el amor a todos juntos...” rezaba el boceto del programa ( no así en el original ). Esa noche, yo le hice el amor a más de uno.
Un núcleo caliente gira por sobre un mar de corazones agitados, el viento lo bambolea lentamente. Una vibración en nuestros corazones dentro de un mundo muy intimo, estamos cómodos. El silencio ensordece, los tiempos cambian, la marea estalla y pujamos por salir. Se quiebra la paz, rompemos los frágiles limites que nos cubren y el aire nuevo nos penetra, un instante, y dulcemente desde muy lejos con lo sutil de un gemido, como lo furioso de un rugido, miles de almas vibran haciéndome estallar en lagrimas, tan libre pese a estar sujeto. Sin miedo y así nacemos. Lleno mis pulmones, creo reconocer el espacio, todos mis hermanos tienen cara y nos reímos, nos besamos abrazándonos, gritamos y sudamos, nuestra emoción es mucho mas grande que el abismo que nos rodea, somos vida temblando al nacer. Ruge. Lentos inexorables movimientos hacia lo alto hacia un costado nuevamente hacia lo alto también hacia abajo. Denso, finos haces de luz rebotando en esas estructuras nos sorprenden en la frente mutan la emoción ; profundo, un berrido antiguo nos percute un coro, todo avanza como lava lava que quema lava densa lava que te lava solo las heridas. Lo puedo ver pese a la luz que me ciega. Un encuentro y las manos piden cuerpos, estirándome hasta el dolor buscando algo nuevo, miles de manos como alocadas intentando despedazar algo propio, algo que se intenta recuperar, hay sorpresa, hay tiempos distintos que (se) nos tragan. LLÉVAME ¿a donde ? la inmensidad para volar y miles de cuerpos que te asfixian ¿quien sufre mas ? el que es mordido o el perro que muerde con toda furia Esos miles tensos como un gran abrazo que se cierra apretando tu corazón y yo que soy blando liquido táctil que se escurre por entre esas fauces de pinzas vuelvo, lloran, aman, patean, Y en el espacio soy uno que nos despedazamos, somos aves libres que pelean por su vuelo. Algo ruge en mi oído, sin saber si dentro o fuera de mi, piso tierra riéndome alegría blanda y fluyo entre la gente, los tiempos se funden en uno solo, me escapo y corro libre por sobre un paraíso agitado, pronto nuevamente con mis hermanitos. Las gentes hecha mar, ondas concéntricas cerrándose cuanto mas cerca del núcleo estaba, cerrando cerrándose estirando sus manos hacia el bollo que caía lentamente sobre la gente. Una gota cayendo en el agua. Una gota saliendo del agua. Un marea enorme, un océano tempestuoso regido por la luna. Orgasmos gritos parir correr volar bajar bailar todo es poco, luces risas reflejos de instintos nos une, despegarse flotar volar marear, arriba el viento me seca el sudor. No hay tiempo ni hay espacio, es instintivo un reflejo aprehendido en repetidos movimientos que nos hace perceptivos, no creemos en el error mientras corremos para seguir. Sed, me empapo la cara y ahí, el tiempo se detuvo ; miles de gargantas entronando un mismo coro sin palabras, eso era el mismo sonido eterno de océano embravecido y furioso, siempre ame correr hacia la tormenta ; un momento de mucha luz, operaciones técnicas estados excesivos de emociones recuerdo sonidos que chocaban en las frentes, yo no escuchaba música escuchaba corazones que acunaban dulcemente mi cuerpo... . . . MAREEA... Ecos de ella. La lenta espera. Mi baile y tu estatismo. Nuestras realidades son amor en una sola cosa. El agua y el fuego. Cosmos por el que volamos y la tierra húmeda que pisamos. El sudor del cuerpo y secas gargantas rugiendo MAREA... Sobre el escenario cuando el saludo final,; creí ver amor en esas manos levantadas al cielo, no lo era ; desenfrenada, ciega, desesperante eso era pasión, en ese momento me seco el rostro sudado , no era sudor siempre habían sido lagrimas.
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Precisos
pájaros sobre un cielo cubierto de tormentosas nubes violinegras, la tierra húmeda
y el viento en tus ojos buscando refugio, por tercera vez el satélite-bollo
comenzaba su recorrido por sobre las cabezas de miles de espectadores y algo
maravilloso ocurrió, por un momento el cielo se abrió a alguien que lloraba
viendo dos redondas lunas blancas. Como bendiciéndola,
una reflejaba la luz del sol sobre la otra, y esta reflejo el espíritu de doma
sobre todas nuestras almas.
