| La primera vez.... por Cristian Estrella |
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| Escrito por Cristian Estrella | |||||
| 09.09.2002 | |||||
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Acaso
porque en los barrios periféricos a la argenta capital haya una gran cantidad
de descampados, mi infancia quilmense acumuló más visitas al circo que, por
ejemplo, al cine. Por eso seguramente me resulta complejo esto de rastrear la
incuestionable primera vez. Sí recuerdo haber vivido el mainstream circense a
la par de ese otro circo más habilidoso, más de acrobacia. Acude a mi mente el
circo de la probable quinta cabellera beatle Carlitos Balá, el clásico Rodas, y
por qué no considerar circo a Star Wars on Ice (en el Luna Park) donde quede
estupefacto con un tipo que se incendiaba vivo.
Una de las escasas veces que me gané algún premio en un concurso público, fue justamente en un circo, el de Carozo y Narizota. A la entrada dejabas tu nombre y en medio del show sorteaban un disco. Subí junto a mi viejo al escenario. Lamento tanto haberle pedido que me llevara en andas a fin de alcanzar a mi héroe Carozo, pues tras cumplir con mi deseo fui testigo único de un fraude que se repite hasta nuestros días: debajo de ese muñeco azulado y peluchoso había dos tipos, uno lo movía y el otro era su voz (la evolución histórica le dio su merecido a estos señores y hoy Carozo da los premios por televisión, pero de los números de la quiniela por Crónica TV). Por otro lado, el mítico Triángulo de Bernal (hoy bunker de pendejitos, y no tanto, que lustran parabrisas) siempre fue terreno a ocupar por una carpa. Cierta vez pasaba con el bondi tras bambalinas y quedé paralizado con la cantidad de animales que tenían enjaulados, sufriendo. Fue triste. De ahí a lo bizarro, casi nada: los vecinos se acercaban con gatos que servían como alimento fresco para estos otros bichos. O al menos eso decían las noticias. Para finalizar, he convivido con el circo desde un lugar privilegiado, colaborando y hasta animandome a un bolo (en la piel de Pocho el boleterista, partenaire boletero-bolerista de la incomparable Mirta y su chancho Zabala) en el añorado Circo-Délico, que pobló las costas yorúguas allá por el ’98. El tiempo dirá si aquel bolo fue fecal o no, pero lo que ya puedo confirmar, es más, yo diría que puedo afirmar, es que Circo es Amor.
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