| La primera vez.... por Carlitos Cabra |
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| Escrito por Carlitos Cabra | |||||
| 04.09.2002 | |||||
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Lo que les voy a contar no es la primera vez que fui al circo, sino la primera vez que trabajé como artista, en una película que justamente trataba de mostrar la vida cotidiana de un grupo de artistas de circo, en la que sus protagonistas –por un lado un grupo de payasos, entre ellos una jovencita payasa que se enamora de un rico, el padre de Andrea, la otra protagonista-, viven escenas tristes que el destino del circo ambulante lleva en sus partidas. Andrea, la niña, con sólo seis añitos se oculta en un carromato y sus padres, al no encontrarla en su cama, aconsejan a la audiencia que lo mejor en esos casos siempre es llamar a la policía. Suponen que a la niña la raptaron. Mientras, por un asunto personal, al padre de Andrea, muy adinerado, quería embaucarlo una bella mujer tan solo por su herencia, y ella junto a su banda de malandras planeaban secuestrar a Andrea, ya que el apuesto millonario le había echado el ojo a la humilde y maternal payasita, con lo que se venía abajo todo el tema del casamiento. Yo tenía unos cuatro o cinco años, así que es muy probable que haya sido la primera vez que fui al circo. Lo loco era que mi mamá nos había anotado en una agencia de publicidad y nos llaman para trabajar a mi vieja, a mi hermana y a mí en “Había una vez un circo”, con Gabi, Fofó y Miliki, Fofito, Andrea del Boca y la hija de Carrerras. Yo, fanático de Fofó y mi hermana era una Andre del Boca. Se había montado cerca del hipódromo de San Isidro una gran carpa de circo, con puestos de chorizos. Los gritos de los vendedores ambulantes me resuenan como hace años. Se podría decir que la película arranca conmigo, de la mano de un supuesto padre haciendo la cola para el chori. Después, durante toda la película estamos entre el público, yo a la derecha de mi mamá y mi hermana del otro lado. En un momento, los payasos actuaban para el público contratado y mi vieja se acuerda que eran divinos, no así la Carreras; y yo, desobedeciendo “esa” voz, que para mí hoy “esa” es la voz del circo, miro para atrás. Y más fuerte me gritan: -No miren para atrás!!!! Me podrán ver mirando a cámara casi al final, cuando la payasita le propone a Barreiro, el padre de Andre, irse a vivir con ellos y abandonar la loca vida de los artistas. Y termina que la niña los encuentra juntos y al enterarse que ella sería su mamita para toda la vida, grita por segunda vez en el film, pero esta vez para cerrar: -viva la patria! Los buenos recuerdos que tengo del circo son ya de más grande. Ibamos a ayudar a repartir las fotitos o a acomodar sillas, como también íbamos a ayudar a los caleciteros, pero quiero volver a “Había una vez...”. Aquel día de filmación ocurrió un hecho que marcó un poco una tragedia. Mi viejo, que era tachero, escuchó por la radio que en la filmación se había escapado una pantera. Una pantera negra. Lo que más lastimó a la gente fueron las sillas de chapa, hubo cantidad de quebrados. Al final, recuerdo que entre las parrillas, la tierra y el humo, alguien comentó que lo habían atrapado con una carretilla. Durante toda mi vida traté de imaginar cómo hicieron.
P.D.: Cherman, si algún lector de tu revista conoce datos o presenció esa catástrofe, hacémelo llegar a Esta dirección de email está siendo protegida de \"spam bots\", necesitas habilitar Javascript para poder verla. . O contactame con Pinky.
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