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FLASH MOBS: Mucho más que una travesura colectiva Imprimir E-mail
Escrito por Marta Casale   
18.03.2008
Flashmob: Guerra de almohadas en Toronto, Canadá1 de febrero de 2008. Alrededor de doscientas personas que transitan por la explanada principal de la Estación Central de New York quedan “congeladas” en la posición en que se encuentran al mismo tiempo. Durante cinco minutos, estos “agentes encubiertos” permanecen sin moverse parados o agachados, juntando papeles o tomando un helado, mientras aquellos que simplemente están allí por razones de transporte los miran entre asombrados y divertidos. Sólo unos pocos no toman nota del evento.(1)

La movida es un ejemplo de lo que se ha dado en llamar flashmob, término inglés bastante difícil de traducir sin correr el riesgo de tergiversar, aunque Wikipedia en castellano no ha dudado en transformarlo en “multitud instantánea”.  Se trata de “un grupo de personas que se reúne de pronto en un lugar público, realizando una acción inusual por un breve período para rápidamente dispersarse” (2).

Una de las características fundamentales de este tipo de encuentro es que la convocatoria se realiza vía Internet o mensajes de texto, a espaldas de los medios masivos de comunicación, constituyendo -en los casos de mayor compromiso ideológico-  precisamente una crítica a esos mass media.

Alejadas expresamente de la política partidaria, estas acciones no siempre tienen como único fin la diversión. Aunque así fue aquí, en Buenos Aires, donde las promociones destacaron su carácter de mero entretenimiento y hasta fueron patrocinadas oficialmente por el Gobierno de la Ciudad, opacando el aspecto transgresor y anti establishment que tiene por esencia este tipo de performance.

Flashmob En este sentido, tampoco podría considerarse una genuina flashmob la guerra de almohadas organizada en la provincia de Tucumán a través de un diario tradicional de la zona. En estos casos, se repiten las movidas realizadas en otros puntos del planeta pero no se conserva la ideología que la sustenta.

El origen de las flashmobs (soy absolutamente tendenciosa al ponerle artículo femenino a una palabra que conservo en su idioma original) se entronca con lo que Howard Rheingold llamó smart mobs  (“multitudes” inteligentes) en su libro Smart Mobs: La próxima revolución social (2002).

En su trabajo, el escritor norteamericano reflexiona sobre los cambios que el desarrollo de la tecnología –teléfonos celulares, Internet, conexiones inalámbricas- trae en el comportamiento de las “multitudes”, teniendo en cuenta que el término mob supone un grupo de personas con  un propósito común (positivo o negativo, he ahí el meollo de la cuestión).

La posibilidad de acceder a la información,  facilitada por el uso masivo de Internet y teléfonos celulares de última generación, hacen que las “multitudes” puedan actuar inteligentemente, organizándose por sí solas, a espaldas de las instituciones de poder tradicionales. De este modo, se pueden compartir datos y proyectos, desviando el flujo de la información de los canales oficiales.

Guerra de almohadas en  Lausanne, Suiza El término flashmob parece haber sido acuñado por primera vez en el año 2003, ligado a estas reflexiones. En mayo de ese año hubo un intento de reunión en una tienda de Manhattan que se frustró por filtrarse los datos del encuentro (la sorpresa es un elemento importante en este tipo de intervenciones). Finalmente, pudo realizarse en junio una movida en el noveno piso de las tiendas  Macy, New York, en el que se congregaron unas cien personas alrededor de una costosísima alfombra. Al ser interrogados por los vendedores del establecimiento, los participantes contestaban que eran parte de un grupo que vivía en comunidad, en las afueras, y que estaban allí para comprar la “alfombra del amor”.

Muchas de estas performances tienen lugar en tiendas ya que una de sus principales motivaciones es hacer un llamado de atención sobre el consumismo desmedido. En este sentido son un acto de militancia.

Otro de sus fundamentos es la crítica a los medios. Este fue el sentido, por ejemplo, de la realizada en diciembre de 2004 en Bucarest, Rumania, frente al edificio de Televisión Nacional. Aproximadamente unas setenta personas se pegaron cinta adhesiva en la boca e iniciaron una sesión de jogging sin dejar sus lugares en señal de protesta contra la falta de libertad en los medios.

La flashmob más numerosa congregó unas tres mil quinientas personas en la Estación Paddington, en el Reino Unido, el 30 de noviembre de 2006.  Exactamente a las 19.18 la multitud provista de MP3 y teléfonos con auriculares comenzó a moverse al compás de la música y hasta se atrevió a formar un trencito que recorrió una y otra vez las plataformas. El llamado se había hecho a través de Internet.

Con similar motivación, en Barcelona, el 9 de noviembre de ese mismo año, 25 personas se juntaron en la plaza Borne, empezaron a lanzar latas de Coca Cola y luego rápidamente se dispersaron. Esta movida es un caso de lo que últimamente se ha dado en llamar absurd mob, ya que implica un gesto absurdo multitudinario (en este caso no muy multitudinario) que se convierte en un golpe de efecto al ser recogido por los medios masivos.

Más allá de todo intento de clasificación, a mi entender todas las flashmob tienen ese carácter absurdo, que busca romper la cotidianidad proponiendo un alto en las conductas habituales y, por ende, un llamado a la reflexión. (3) Cercanas al performance art encuentran en el espacio público un lugar en el cual expresarse, buscando generar nuevos sentidos en una sociedad dominada por la propaganda de todo tipo. Precisamente por eso, ha sido reivindicada como método de acción por grupos que luchan contra la centralización de la información y la consiguiente hegemonía cultural, como la CULTURE JAMMING.


Notas

(1) El video se puede ver en www.adbusters.org/abtv/ Es interesante notar la reacción del hombre que maneja el camioncito que queda bloqueado por los participantes.

(2) “Flashmob” en Wikipedia (versión en inglés traducida)

(3) Es muy ilustrativo para entender este tipo de movidas leer los mensajes de los que fueron sorprendidos en la estación de Paddington y vivieron el momento. Se los puede ver aqui 

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