| JESUS FORNIES: Madrileño hasta la médula |
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| Escrito por Germán de Souza | |||||
| 03.03.2003 | |||||
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Jesús Fornies es uno de los artistas más sobresalientes de la escena española de espectáculos de calle. Al ritmo del spinning de sus balones de fútbol, este malabarista discípulo de Rafael de Carlos, ha presentado su número en Japón, Argentina y varios países europeos. En esta entrevista desde sus comienzos cómo se ha desenvuelto en el mágico mundo del circo. Ha vivido toda la vida en Madrid, ha aprendido en Madrid, empezó a trabajar en Madrid. Todo le ha ocurrido en Madrid. O casi todo...
-Me he puesto a hacer malabares porque lo he visto en la calle, a un punky con dos pelotas. Y luego, al año conocí Carampa desde ese entonces los miércoles y viernes he estado entrenando allí y es donde nos juntamos.
-No, los primeros dos o tres años lo empiezas a hacer todo, que si diábolo, monociclo, todo. Pero luego me llamaron la atención unas fotos que ví de Rafael de Carlos. Luego fui a verlo trabajar... Rafael de Carlos es un artista cubano de la escuela de Circo de Cuba, que es un fenómeno de los balones de fútbol. Él vive en Madrid desde hace unos ocho o nueve años, a lo mejor más, no sé. Lo que pasa es que el tío trabaja mucho, está siempre por el extranjero. De verlo trabajar y un par de fotos, me flipó la movida, rollo ídolo. En la segunda mitad de abril de 1998 Rafael vino a la carpa a dar un curso intensivo de malabares. Me apunté y me vine, supongo que yo era el peorcillo del cursillo de malabares, pero al tipo le hizo gracia eso de que me gustara el tema de los balones como a él. Se acabó el curso, hice la presentación en la carpa y desde entonces el tío me ha llamado cuando viene a entrenar, para verlo actuar. Me he pasado dos meses y medio en los que el tipo me ha enseñado todo. Me fui a trabajar al Circo Cardenal de mozo y él estaba allí de malabarista. Yo lo veía ensayar… paralelamente estaba surgiendo el tema de empezar a currar en la calle.
-Sí, hacía un poco de todo, diábolo, monociclo pero enseguida que me entró lo de los balones, dejé todo para centrarme en eso. En ese mismo abril conocí a los chicos de Xiclo en el Encuentro de Edimburgo, ellos me salvaron la vida, me dieron de comer… me enseñaron de todo. Me llevaron a Ámsterdam y luego vinimos a Madrid. Y al fin de semana siguiente de que ellos se fueran empecé a trabajar en el Retiro.
-Pues nada, me gusta ver los partidos pero soy bastante mariquilla para jugar.
-Un poco como todo el mundo. Al principio, pues lo que te sale y las cosillas que has visto a tus amigos, y en mi caso los Xiclo son quienes me han influenciado a tope. A lo mejor había algún chiste mío… (risas)
-Sí, me seleccionaron para el Parque España y me fui un año a Japón. El rollito de la individual que haces allí tú solo y luego con los espectáculos de ahí…
-Maravillosa. Me enamoré de mi chica, para toda la vida. Aprendí un montón de cosas, aprendí japonés… Muchos contactos, para poder seguir yendo todos los años, por lo menos una o dos veces. Vivíamos en un parque temático que se dedica a España y lleva artistas españoles. Allí tienen un edificio con muchas casitas para dos o para tres.
-No...Sólo quiero decir que como artista de circo en España me siento un poco sin muchas posibilidades de salir adelante porque estamos escasos en recursos, estamos escasos en información, y de reconocimiento de la peña. A la gente le gustan los toros, el fútbol, Operación Triunfo, el Gran Hermano... es patético, pero es así.
-Que salga bien y que se me ocurran muchas cosas, que la gente se lo pase bien. No fallar, sobre todo.
-Mi función comienza con la escalera que me ha regalado Chacovachi, que ha sido la puerta de mi alegría de los últimos tiempos. Soy feliz con mi escalera. Me subo y es esa parte de la que no puedes escribir nada para eso. Te subes ahí, te pones a mirar y bueno, si viene la gente, más o menos te la vas haciendo. Sobre todo, empiezo hablando un poquito, un número de pelotitas de corte clásico y medio parodiándolo, luego hago un número con las pelotas de fútbol participativo, con el público: uno, dos, tres, cuatro balones de fútbol y luego cinco. Luego el número de la escalera, como Maradona hacía cuando jugaba en el Nápoles, que se sube a una escalerita y le da al balón. Estoy montando también algo de chistes, con dos mazas y un balón.
Sacar una pelota de fútbol en Buenos Aires, Roma y Madrid es atraer a un corro de peña seguro.
-No lo he visto. Me lo han contado. Con una camiseta del Barça, sí...
-No, pero lo cierto es que me han dicho que es bueno, lo que pasa es que la gente no entiende de balones. No hay cultura de balones.
-Me gustaría poder, por un lado, seguir con el número de malabares que tengo dura siete minutos. Un número de circo de toda la vida. Y me gustaría poder ganarme la vida con ese número mucho tiempo porque me ha costado un montón y todavía me gusta mucho. Pero de aquí a unos años, vete tú a saber, a lo mejor me hago pastelero, que también me gusta mucho.
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