Inicia tu sesión

www.k8malabares.com
www.myspace.com/newtonlaspelotas

Conectados

Tenemos 1 visitante en línea

Enlace roto?
Avísanos

Suscribite
a nuestras noticias...
Firefox 2
Coreographix
CSS Válido
Creative Commons License
Esta obra está bajo una
licencia de Creative Commons.

Newton Las Pelotas!


ZONAS PORTEÑAS TEMPORALMENTE AUTÓNOMAS Imprimir E-mail
Escrito por Diego Altabás   
23.02.2005

Refugios, bares y espacios alternativos; clandestinos y camaleónicos para el ojo medio, visibles y accesibles para habitués y amigos de la casa. Un recorrido por los rincones y lugares de encuentro de Buenos Aires.

    En la ciudad hay grietas y marcas no reconocibles siquiera para el más completo mapa palermitano; por suerte. Entre tanto Hollywood y Soho, feria de diseño, bar de tapas y restó minimalista, los TAZ (Temporary Autonomous Zones) porteños nacen en los bordes de los circuitos del entretenimiento mainstream, y cual hongos mexicanos crecen, escondidos, por momentos invisibles, para embriagar a sus descubridores, que difícilmente puedan dejar de visitarlos.


 

    El amigo anarquista Hakim Bey decía: “La TAZ es una forma de sublevación que no atenta directamente contra el Estado, una operación de guerrilla que libera un área (de tierra, de tiempo, de la imaginación) y se disuelve para reconfigurarse en otro sitio/momento, antes de que el Estado pueda aplastarla. Y ya que el Estado está preocupado principalmente por la simulación más que por la substancia, la TAZ puede “ocupar” estas áreas clandestinamente y llevar a cabo por una temporada sus designios festivos en relativa tranquilidad.”

    Veamos de que van estas propuestas de liberación locales antes de la inevitable bota omnipresente, el reconocimiento masivo o la triste disolución.

SIETE NOMBRES PARA UNA ESQUINA

    En la ex pollería toca Axel Krygier. El invitado suelta los primeros acordes de un jam improvisado e íntimo, mientras los platos de comida casera vuelan directos, repletos, de la cocina abierta a la mesa comunitaria. El recital no salió en ninguna cartelera, pero La Planta parece un hormiguero unplugged. Es jueves, noche de panes, arroz, verduras y vino tinto.

    También conocido como Galpón, Cuchara, Pan, Los Siete Panes, Cabrera y Providencia, La Planta funciona como un taller de producción de materias primas y de elaboración gastronómica que nutre a los restaurantes del barrio. Dos de sus seis artífices, Juan y Mono, explican con cautela el espíritu del proyecto: “Se trata de un proceso espontáneo, un espacio de intercambio que compartimos con el entorno, pero sin exigencias comerciales”. En plan colectivo artísticulinario, el atelier/cocina suele ser intervenido por amigos artistas (músicos, fotógrafos, diseñadores) y visitado por un círculo de comensales, que en palabras del Mono serían: “Media people, propietarios de restaurantes, gastronómicos y amigos”.

    La gran esquina de la subversión del gusto pronto tendrá dos caras. El Lado A será “Providencia”, con sus reservas, mesas separadas, velitas y carta; pero el Lado B seguirá vivo en esa gran mesa central de sobremesas eternas. Sus visitantes saben que en algunos momentos de lunes a domingo de ocho a veinte, La Planta levanta la enorme cortina de metal, los despiertos ingresan y disfrutan de una buena comida en un no-lugar, donde el tiempo corre en el sentido contrario.

MI CASA ES TU CLUB

    El público aguarda en la esquina a que abran la puerta de un edificio que parece construido con grandes bloques de Lego gris; entre boliche dark abandonado y refugio antinuclear. Un diminuto cartel pegado en la cerradura indica que darán sala a las 19.30. Es domingo y la escena corresponde al inabarcable circuito off del teatro porteño. El cartelito cumple y a las 19.30 la boca de ese mastodonte de cemento se traga a los treinta espectadores.

    Mantis Club es la casa de Beto, ex analista de sistemas de la Municipalidad de Morón, actor y delirante, que un día decidió que su futura casa debía tener un sector para ceder; donde el espacio pueda mutar según las necesidades en bar, teatro o sala para conciertos y fiestas. Con este horizonte Beto compró a fines de los noventas el terreno donde había estado el primer pelotero de Buenos Aires y comenzó la construcción. “El 1º de mayo de 2003 renuncié en la municipalidad y me dediqué de lleno al Mantis”, recuerda su dueño desde las alturas de una escalera, mientras prepara el lugar para una fiesta a la noche.

    En los dos últimos años pasaron ciclos de cine, conciertos acústicos, algunas fiestas, y actualmente se presenta la obra “Decidí Canción”, de Gustavo Tarrío, un documental musical clandestino y autobiográfico, donde sus cuatro actores repasan con dinámica clipera, humor y cierto tono melancólico, el vínculo personalísimo de cada uno con la música y los diversos soportes musicales.

    El Mantis Club, que según los chismes del barrio es una bailanta peruana o un cabaret, actualmente abre los domingos para la versión teatral de “Alta Fidelidad”. El resto es cuestión de las casualidades y los rulos del destino, para bajar el mail en el tiempo justo o recibir un llamado con el dato preciso, que diga a qué hora y en qué día el mastodonte gris de Lego vuelva a abrir las fauces.

 


 
< Anterior   Siguiente >
La Newton Booking 3
Newton Las Pelotas!