| Guerrilleros Posmodernos |
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| Escrito por Diego Altabás | |||||
| 17.03.2006 | |||||
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A quince años de la primera edición del "Manual de Guerrilla de la Comunicación", recordamos a su autor, el enigmático, camaleónico y ficticio Luther Blissett.
Un fantasma recorre el Mundo: el fantasma de Luther Blissett. ¿Lo qué?,
dirán los integrados. Algunos lo recuerdan como el primer reducto okupa
del Londres sesentoso. Otros juran que fue un jugador de fútbol
jamaiquino que jugaba en el Watford (cuyo presidente era Elton John) y
que en 1983 llegó al Milán. Los más borders le adjudican la invención
del gravity, una especie de bong casero (balde + agua + manguera) para
fumar pasto loco. Todas las versiones son válidas. Pero en este enigma
la pregunta no es el quién, sino: ¿Qué es Luther Blissett? Se trata del
nombre colectivo que adoptan miles de artistas-activistas, periodistas
y cibernautas desde principios de los noventas para formar una red
anónima que sigue en constante agitación y crecimiento. Desde este
lugar de no-identidad dan batalla al neo-nacionalismo, el sexismo y el
racismo; así como a las tiranías de la globalización, el copyright y la
publicidad.
“¿Acaso la mejor subversión no es la de alterar los códigos en vez de destruirlos?”, abre la cita de Roland Barthes al "Manual de guerrilla de la comunicación" firmado por el subco-Blissett hace ya quince años de su primera edición en castellano. El libro es un gran collage teórico dividido en tres líneas que ahonda en los principios, métodos y prácticas de subversión de la gramática cultural y del terrorismo poético. Un mapa dadá para llegar a la conclusión que la comunicación puede ser guerrilla. Sus páginas incendiarias disparan las siguientes ideas:
“Los snipers son francotiradores semióticos. No ejercen sus ataques con fusil y teleobjetivo, sino con esprays”. “El deterioro de imagen es una práctica que persigue dañar de manera duradera la reputación de una persona, un grupo o un país, y de tal manera golpear donde más les duele a aquellos que juegan con la imagen de un mundo bueno y bonito”. Hace cinco años apareció en las librerías el libro “Q” con la firma de LB. El éxito comercial de la novela, que nada tenía de subversivo (en términos blissettianos), generó oposición en el interior del movimiento. A partir de entonces algunos consideraron que el proyecto había perdido su carga contra-cultural, y sin haber logrado alcanzar a ritualizar su muerte, Luther Blissett cambió de piel. La reencarnación lleva el nombre de Wu-Ming, que en mandarín quiere decir “sin nombre”. Un nuevo mito colectivo empieza a escupir en el ojo corporativo-estatal. Creer y reventar(los).
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