En el año 2005, Roberto Carlos Rodrigues Ramalho –Beto– y Daniel Sánchez –Tornillo–, trabajábamos para la compañía de teatro Tragaleguas de Madrid en distintos elencos. Sabíamos del trabajo del otro por comentarios de compañeros, pero no coincidíamos en ningún bolo. Un día nos encontramos en un evento que organizaba un amigo común, y probamos a hacer un mano-mano cinco minutos antes del espectáculo, como salió bien, lo metimos en el show. Una pasada. El caso es que nos vimos muy complementarios artísticamente hablando, y nos caímos muy bien. El catalizador de todo esto fue Rolando San Martín, nuestro director y sin embargo amigo, compañero de Tragaleguas Teatro, que se emocionó con nuestro proyecto incluso más que nosotros mismos, y que es responsable de la creación de los personajes, el texto y el ritmo del espectáculo. En menos de un mes estábamos ensayando y entrenando juntos para montar lo que fuera. La idea era montar algo para la temporada baja, navidades y tal. Estrenamos el 20 de noviembre de 2005, como tres meses después de conocernos. Año y medio después, seguimos haciendo bolos. Cuando lo ves tan claro, te tiras.
Dinámico y divertido.
Habéis ganado en 2006 el premio de compañías OFF en el festival de Valladolid…
Si, estuvo muy bien, porque era nuestro primer festival importante, llegábamos con mucha ilusión y motiva mucho algo así, el reconocimiento y tal. Hace que afrontes el futuro con más confianza.
¿Que os ha sucedido desde entonces?
Hicimos temporada en Ibiza, trabajando en fiestas de pueblos, fiestas privadas, y haciendo el show en inglés para una cadena de hoteles. A la vuelta hemos actuado en varias salas de Madrid y otros festivales y eventos. Ahora estamos en el Teatro de la Zarzuela, en el reparto de “El rey que rabió", de Chapí, dirigido por Luis Olmos. Y cuando acabemos volvemos a Ibiza, con la misma cadena de hoteles, para todo el verano.
¿Cómo veis el panorama del espectáculo de calle en Madrid y España en general?
A ver. Hacer calle en Madrid no es ilegal, pero existe una normativa municipal que prohíbe el uso de amplificación de cualquier tipo, con lo que no se puede actuar con música en lata, da igual el volumen o el lugar. Eso te expone a reñir con la poli, al riesgo de que te multen –como ya nos ha pasado– o incluso que te requisen el equipo. Eso desanima a cualquiera, ¿no? A nosotros nos encanta la calle. Y a pesar de estos problemas, seguíamos haciendo funciones, jugándonosla. Por la peña, porque Madrid se merece espectáculos como el nuestro. Y porque nos venía bien la pasta, claro.
Ahora estamos un pelín distanciados de eso, porque desde hace bastantes meses vivimos bien con los bolos que vendemos, contratados por ayuntamientos y particulares, así que no nos queda tiempo o energía para ir a la calle en plan free, como antes. Y lo echamos de menos... pero bueno. La calle está ahí, ya volveremos.
…y el circuito de variedades?
En Madrid hay salas como para mover un espectáculo todo el otoño-invierno y subsistir igual. Te puedes sacar cuatro o cinco actuaciones al mes en este circuito, pero no es muy rentable. Sale mucho mejor vender el espectáculo en eventos.
Qué experiencias habéis acumulado a través de vuestras actuaciones?
De lo mejor, cuando nos reconocen por la calle y nos saludan. Eh!, ¡Esos Malabreikers! nos morimos de la risa, pero con un puntito de orgullo ¡que la peña nos conoce y recuerda! Es genial. La verdad es que casi todas nuestras experiencias con el show son muy positivas. Tenemos buena aceptación, la gente nos felicita. Lo pasamos muy bien actuando y a veces incluso nos entra la risa durante el espectáculo, es un poco embarazoso pero muy divertido.
¿Por qué hacer espectáculos de variedades?
Bueno, en realidad nosotros hemos planteado una comedia, que dura una hora y que básicamente es una obrita de teatro con técnicas de circo. Esto es lo que sabemos hacer y lo que queremos darle al mundo. Un espectáculo que nosotros disfrutaríamos como público si lo viéramos por ahí. No se si llamarlo variedades.

