Tan natural como fresca, Sònia Gómez abre un nuevo espacio dentro del panorama de la danza y performance actual a los codazos. Ironía y desprejuicio son ingredientes vitales en sus obras, las que no sólo se caracterizan por sus largos y descriptivos títulos, sino también por mostrar parte de su historia, de sus placeres y de sus obsesiones.

¿En qué lugar de la
danza se encuentra Sònia Gómez?
Desde el espectáculo Egomotion estoy interesada en el movimiento reconocible,
concretamente en los movimientos disco y en los estereotipos creados por la sociedad
de consumo.
Egomotion es una trilogía autobiográfica
que cuenta tu historia personal a través de un lenguaje bastante particular.
¿Cómo has construido cada una de las piezas que la componen?
La pieza está dividida en tres partes: infancia, adolescencia y juventud. Cada
una de esas partes tiene un título largo y muy explicativo. Infancia “Yo estoy
en este mundo porque tiene que haber de todo”; Adolescencia “Yo no soy nadie,
pero me cago en tu puta madre” y Juventud “Yo no hablo inglés, pero a veces me
lo paso bien”.
La pieza parte de un texto autobiográfico y se escenifica a través del
movimiento, la música, la palabra, el vídeo y las acciones.
¿Es fundamental para ti exponerte en lo
personal sobre el escenario?
Es desde este trabajo autobiográfico donde me siento cómoda para explicar
situaciones del día a día. Me costaría mucho más desde un discurso
intencionadamente político. Así es que utilizo lo más cercano y reconocible, yo
misma; llevo el instrumento a cuestas.
¿Has convocado a tu madre para trabajar
en uno de tus espectáculos, de dónde sale la idea?
Esto más que una idea fue una intuición. Es algo que había
imaginado a veces. Finalmente ha sido algo más interesante y menos anecdótico
de lo que parecía. Mi madre ha resultado ser una intérprete excepcional, me gusta mucho como
trabaja, tiene más frescura que yo, se suelta y eso es muy divertido, me da
lecciones de humildad.
Bass seguía la línea narrativa de
Egomotion, con los agregados de contar con músicos, djs y vjs en el escenario y
actores-voluntarios que teñían un poco el espectáculo de reality-show… ¿que fue
de esa puesta?
Es un trabajo que hemos representado poco. Es lo que pasa con los productos que
producen amor y odio. Quizás dentro de unos años lo retomemos.
¿Tu trabajo con la General Eléctrica,
La Fura dels
Baus y la Carnicería
Teatro influyeron en tus creaciones?
Claro. Y mis abuelos, las meriendas, los recuerdos; todo te influye (una gran
lista). El paso por diferentes trabajos que funcionan te hace reconocer aspectos
personales óptimos. Trabajar en esos proyectos fue el empujón para
desarrollar mi trabajo actual.
¿En qué has estado trabajando
últimamente?
Estoy desarrollando un trabajo de carácter interno titulado: “Experiencias
con un desconocido”. Estrenamos el segundo espectáculo creado con mi madre: “Las
Vicente matan a los hombres”, el proyecto sobre el cuerpo: “Natural2; me gustan
tus huesos, tu alma y tu cerebro” y la serie de solo performance: “I will never
stop dancing”. También hemos puesto en marcha la web www.soniagomez.com.
¿Qué debe
tener un espectáculo de Sònia Gomez?
Ironía, ritmo, comunicación con el público.
¿Y que no debe tener?
Un paraguas, una maleta vacía. Hipocresía.

Tan natural como fresca, Sònia Gómez abre un nuevo espacio
dentro del panorama de la danza y performance actual a los codazos. Ironía y desprejuicio
son ingredientes vitales en sus obras, las que no sólo se caracterizan por sus
largos y descriptivos títulos, sino también por mostrar parte de su historia,
de sus placeres y de sus obsesiones.
