Esta vez, el espacio Redes club de Circo de Vila Crespo es quien los recibe. Les brinda un rincón para que estos tres piojos de lujo daneses impregnen con su magia y fantasÃa a todos aquellos que se acerquen a compartir un anochecer con ellos.
 Finalmente instalados en las gradas o en el suelo, estamos listos para reÃr, para sumergirnos en la música con la que la compañÃa hace fluir su espectáculo. Unos instrumentos reciclados, unas palabras de idiomas cruzados entre el español, el francés y el inglés (si no otra lengua extraña que quizá sólo ellos conocen), y las melodÃas de la voladora acróbata y cantante. Todo se funde y confunde. El malabarista, el bailarÃn, el actor, el músico, el acróbata. Es un show sonoro de magia y circo. Gira el trapecio en el aire, vuelan sombreros, rebotan pelotas.
Todo se desarrolla como una serie de números ligados por pequeños gags donde el galán se arranca literalmente pelos del pecho para ofrecérselos a una integrante del público levemente impresionada. Donde la trapecista vuela y grita por los aires, asustando a más de uno que teme inocentemente por su vida. Donde el bailarÃn se desarma como si fuera de goma, encantado por algún conjuro que solo las hadas comprenden.
Acá, en este galpón del barrio de Villa Crespo y durante 12 únicas funciones, podemos disfrutar de un espectáculo para todo público, antes que los piojos continúen su osado peregrinar por otras latitudes sureñas.

